martes, 19 de junio de 2012

Los sintetizadores: a la conquista del espacio de los sonidos
Francisco Delahay y Sergio de Régules
Fotos: Ernesto Navarrete y Eduardo de la Vega


LA CIENCIA Y LA TECNOLOGÍA PRESTAN SERVICIO AL ARTE. CADA ÉPOCA HA TENIDO OPORTUNIDAD DE EXPERIMENTAR E INNOVAR EN MATERIA DE SONIDO Y LA NUESTRA NO IBA A SER MENOS. LOS ADELANTOS TECNOLÓGICOS DEL SIGLO XX, COMO ERA DE ESPERAR, TAMBIÉN SE APLICARON EN LA MÚSICA.
EL MUSEO del Louvre, situado en París, no fue originalmente museo. Primero fue fortaleza y luego residencia de reyes por espacio de varios siglos. Cada rey fue añadiendo al conjunto una contribución personal. El Louvre, aunque no parezca, es una ensalada de estilos arquitectónicos de distintas épocas. La añadidura más reciente es la elegante pirámide de vidrio del arquitecto Ieoh Ming Pei. La pirámide es moderna y atrevida. Se alza en medio de la plaza Napoleón como una bofetada al conservadurismo. Pero Pei no pretendía ofender a nadie con su obra. La pirámide sirvió para resolver de una manera elegantísima el problema del acceso al museo. Hoy en día, a 16 años de su construcción, la pirámide de Pei ya se ha integrado como contribución contemporánea a este conglomerado de edificios y siglos. Y seguramente los siglos futuros harán su propia aportación.
Timbres interesantes
Lo mismo que el Louvre, el conjunto de sonidos de que dispone el compositor de hoy es una ensalada con aportaciones de épocas distintas. Los compositores, como todos los artistas, siempre están buscando extender sus posibilidades expresivas. Para el compositor esto quiere decir, entre otras cosas, disponer de una variedad cada vez más amplia de sonidos y poder manipularlos a su antojo.
La ciencia y la tecnología prestan servicio al arte. Cada época ha tenido oportunidad de experimentar e innovar en materia de sonido y la nuestra no iba a ser menos. Los adelantos tecnológicos del siglo XX, como era de esperar, también se aplicaron en la música para extender el espacio de los sonidos.
El sonido es una alteración repetitiva de la presión del aire, que se puede representar mediante una gráfica que muestra cómo varía la presión al correr el tiempo. En 1843 el físico alemán Georg Simon Ohm descubrió que la forma más sencilla de sonido es la que se puede representar por medio de una onda senoidal, que toma su nombre de las funciones seno y coseno de la trigonometría porque tiene la misma forma que éstas: una ondulación que sube y baja suave y regularmente. Seno y coseno son las funciones repetitivas más sencillas posibles desde el punto de vista matemático. Los sonidos a los que representan se llaman tonos puros.
Los sonidos puros se pueden ordenar en una secuencia de notas, o tonos, de distinta altura. El tono depende del número de veces que se repite la vibración en un segundo. Este número se llama frecuencia. Una frecuencia de 440 ciclos por segundo, por ejemplo, corresponde a la nota “la” de la octava central del teclado de un piano. El volumen o intensidad del sonido es función de la amplitud.
Pero los tonos puros, representados por ondas senoidales, son muy desagradables al oído (el feo tono de marcar del teléfono es aproximadamente senoidal). Los sonidos agradables e interesantes son mucho más complicados.
En la primera mitad del siglo XIX el matemático francés Joseph Fourier descubrió una manera de armar y desarmar funciones periódicas complicadas, entre ellas las que sirven para describir las ondas sonoras. El método de Fourier permite considerar a las ondas complicadas como superposiciones, o sumas, de ondas senoidales simples, llamadas armónicos. Toda onda sonora se puede analizar (desarmar) o sintetizar (armar) en términos de tonos puros.
La característica que nos permite distinguir el sonido de un instrumento del de otro se llama timbre. El timbre depende de los armónicos que contiene el sonido, así como de sus intensidades relativas y de la manera en que van cambiando de intensidad al sonar una nota. Para explorar a nuestro antojo el espacio de los sonidos nos hace falta un método para producir timbres interesantes. Dos formas de conseguirlo son: 1) empezando desde cero y sumando armónicos uno a uno, o 2) partiendo de una onda rica en armónicos y restándole componentes por medio de filtros. Éstos son los principios de la síntesis aditiva y la síntesis sustractiva.
Instrumentos eléctricos
El primer instrumento eléctrico lo inventó el estadounidense Thaddeus Cahill -entre 1895 y 1906, y se llamaba telharmonium. Haciendo girar unos polígonos de metal en campos magnéticos, Cahill producía corrientes eléctricas de distintas frecuencias que luego hacía pasar por bocinas de teléfono. El telharmonium era un instrumento muy impráctico porque, además de pesar varias toneladas, producía un sonido muy débil que hasta el carraspeo del público en la sala de conciertos hubiera opacado.
En 1920 el físico y músico ruso Leon Theremin inventó el primer instrumento electrónico que ha sobrevivido hasta nuestros días. Inspirado por la atmósfera de renovación que reinaba en la Rusia revolucionaria, Theremin se propuso inventar un instrumento nuevo que no se tocara mecánicamente como el piano o el violín.

Para 1920 ya había circuitos electrónicos sencillos, llamados osciladores, que generaban ondas senoidales, cuadradas, triangulares y en forma de diente de sierra. El theremin consta de dos osciladores que producen ondas de frecuencias superiores a las que pueden percibir nuestros oídos. Las ondas de los dos osciladores interfieren y dan lugar a ondas audibles. El tono se controla moviendo las manos alrededor de una antena, ¡sin hacer contacto con el instrumento!
El theremin, empero, es un instrumento difícil de tocar. Lo mismo que en el violín, que no tiene trastes como la guitarra, producir una nota precisa requiere mucha práctica, y sobre todo buen tino. Maurice Martenot obvió esta dificultad en 1928 con su instrumento, conocido como ondas Martenot. Las ondas Martenot tienen un oscilador que genera ondas en forma de diente de sierra, el cual se controla por medio de un teclado convencional y un alambre. El teclado permite producir notas precisas sin dificultad. Tirando del alambre, el intérprete puede hacer subir o bajar el tono en gamas continuas. Las ondas Martenot desempeñan un papel central en algunas obras del compositor francés Olivier Messiaen, especialmente en su Sinfonía Turangalila y en sus Tres pequeñas liturgias.
La música electrónica
Hoy en día usamos las grabadoras, o magnetófonos, únicamente para copiar discos compactos, pero en sus inicios, en los años 50, el magnetófono se empleó como instrumento musical. Los compositores Pierre Schaeffer y Pierre Henry, y sus seguidores, usaron el magnetófono para captar sonidos del entorno y modificarlos de diversas maneras, por ejemplo: alterando la velocidad de reproducción, invirtiendo la dirección de avance de la cinta y cortando y pegando tramos de cinta con grabaciones distintas para yuxtaponerlos y producir sonidos insólitos. Estas técnicas constituyen lo que se ha llamado música concreta, uno de los experimentos musicales más conocidos del siglo XX. En la música electrónica propiamente dicha se emplean como materia prima tanto sonidos concretos como sonidos producidos por medios electrónicos. El compositor de música electrónica no sólo distribuye el sonido en el tiempo, también crea los sonidos que emplea en su obra.
Pero manipular sonidos de esta manera era horriblemente engorroso. Las paredes del estudio del compositor acababan llenas de tramos de cinta colgados y el lugar se parecía más a una fábrica de espagueti que a un sitio en el que se hacía música. Componer unos cuantos minutos de música podía llevar varias semanas, y hasta meses.
Dos pioneros
Para simplificarse la vida algunos compositores, como Morton Subotnick, fundador del Centro de Música Grabada de San Francisco, y su colaborador, Ramon Sender, empezaron a pensar en construir un aparato electrónico que incluyera en un solo sistema los elementos necesarios para generar sonidos electrónicos y para controlar al mismo tiempo los sonidos producidos electrónicamente y otros sonidos grabados en cintas magnéticas. Se imaginaban una "caja negra" compacta y poco costosa que cualquier compositor pudiera tener en su casa: el sintetizador.
Los primeros sintetizadores, construidos a principios de los años 60, estaban hechos de componentes sueltos como osciladores (para proporcionar la materia prima para construir sonidos), filtros (para modificarlos suprimiendo armónicos), generadores de envolvente (que controlan cómo empieza y termina el sonido sintetizado), y circuitos electrónicos llamados secuenciadores (que prenden y apagan los sonidos de la composición en el momento adecuado). Estos sistemas modulares de composición estaban dirigidos sobre todo a los centros académicos de música electrónica que por esa época estaban surgiendo sobre todo en Europa y Estados Unidos.
Don Buchla, un compositor con conocimientos de electrónica y de física (cosa común entre los adeptos de la música electrónica), construyó un sistema modular para el Centro de Música Grabada de San Francisco por encargo de Subotnick. Los sintetizadores de Buchla tienen en vez de teclado unas placas metálicas sensibles al tacto que el compositor pulsa para producir acciones previamente programadas: por ejemplo, poner en marcha una cinta magnética o hacer sonar un sonido electrónico sintetizado de antemano. Los elementos del sistema se conectaban unos con otros por medio de cables que salían de un tablero parecido al de un conmutador telefónico antiguo. La composición e interpretación de una pieza electrónica con estos aparatos requería muchísima planeación.
Bob Moog es otro de los pioneros de la síntesis electrónica. Fabricaba theremins sobre pedido y, como él mismo admite, no sabía mucho de música electrónica. Empezó a fabricar sintetizadores cuando varios compositores de música electrónica se interesaron en un sistema que Moog había armado en su tiempo libre con dos osciladores y un dispositivo controlador para activar los osciladores y modificarles la frecuencia.
Los sintetizadores de Moog sí tenían teclado y eran más fáciles de operar que los de Buchla. Aunque al principio también los construyó sólo para el medio académico, más tarde Moog fabricó sintetizadores comerciales que se hicieron famosos, como el célebre Minimoog, un sintetizador sencillo, fácil de transportar y con grandes posibilidades expresivas, que popularizaron los grupos de rock progresivo de los años 70.
Bach electrónico
Mientras la mayoría de los músicos del medio electrónico se dedicaba a componer obras com-plicadas, dirigidas a un público muy reducido, un estudiante del Centro de Música Electrónica Columbia-Princeton llamado Walter Carlos (hoy Wendy Carlos), que antes había estudiado física, tuvo la luminosa idea de acercar la música de sintetizador al público general por medio de grabaciones de piezas musicales conocidas, pero interpretadas con sintetizadores. Carlos tenía un sistema modular Moog de dimensiones mastodónticas. Había colaborado con Moog ofreciéndole observaciones, críticas y recomendaciones, y al mismo tiempo había usado el sintetizador Moog para grabar un par de piezas de Bach. Como Bach era (y sigue siendo) de lo más conocido por el público general, Carlos decidió hacer un disco completo de música de Bach con sintetizadores.
Fue una tarea titánica. Los sintetizadores digitales de hoy tienen botones que basta pulsar para obtener sonidos complejos sin saber ni pizca de acústica, electrónica ni síntesis, pero con los sintetizadores de aquella época había que construir el sonido desde los cimientos, como un edificio. El músico ponía a los osciladores a generar ondas de la forma deseada y luego las iba modificando, conectando osciladores con generadores de envolvente y con fuentes de modulación, y haciendo pasar todo por algunos filtros. Luego había que armar la pieza musical tocando cada parte y grabándola en una cinta de pistas múltiples. Si el músico daba una nota falsa, había que volver a empezar.
El resultado de los afanes de Carlos fue el disco Switched On Bach ("Bach electrónico", que no hay que confundir ni relacionar con la serie de discos llamada Hooked On Classics, uno de los ardides mercadotécnicos más lamentables y de peor gusto de los años 80), que salió a la venta en 1968. El público lo compró como pan caliente. De la noche a la mañana aumentaron las ventas de sintetizadores y el nuevo medio —la pirámide de Pei de la música, digamos— se puso de moda.
Tierras colonizadas
Los sintetizadores nacieron principalmente del deseo de los músicos de adentrarse en regiones inexploradas del espacio de los sonidos. Los pioneros de la síntesis electrónica eran exploradores, como buenos artistas y científicos. Actualmente el territorio de la síntesis electrónica ya no es de pioneros, sino de colonos. Los sintetizadores comerciales vienen con sonidos preprogramados, muchos de los cuales son imitaciones de los sonidos de instrumentos convencionales. ¿Hay que lamentarlo? No necesariamente: gracias a eso hoy en día somos muchos más los que podemos disfrutar de las posibilidades de este medio... y aspirar a ser exploradores.

Francisco Delahay y Sergio de Régules
han tocadojuntos y separados en quién sabe cuántos grupos (con y sin sintetizadores). Francisco es compositor y etnomusicólogo. Trabaja en la Universidad de Jyväskylä, Finlandia. Sergio es físico y divulgador de la ciencia. Trabaja en el museo Universum.
Las ondas senoidales, o armónicas, son las más sencillas posibles. La frecuencia es el número de veces que se repite la vibración en un segundo. La amplitud es el tamaño de la onda.



Los sonidos agradables al oído por lo general tienen una estructura complicada. Gráfica de la broncínea voz de uno de los autores.




onda complicada de frecuencia A
=

onda senoidal de frecuencia A
+

onda senoidal de frecuencia 2A


Una onda sonora complicada se puede descomponer en ondas senoidales simples llamada armónicos.








Clara Rockmore toca un theremin











El sintetizador que construyó Don Buchla por encargo de Morton Subotnick.










El célebre minimoog.



El Gran Hotel
CANTOR
Un hotel infinito
Juan Manuel Ruisánchez Serra
¿TE IMAGINAS LOS INFINITOS PROBLEMAS DE UN HOTEL CON UN NÚMERO INFINITO DE HABITACIONES, QUE SUELE LLENARSE CON UN NÚMERO INFINITO DE HUÉSPEDES?
LA HISTORIA empezó cualquier día de un año perdido en el pasado, cuando dos arquitectos ambiciosos planeaban construir un hotel muy grande:

—¿Qué te parece si construimos un hotel con 1 000 habitaciones?

—No, porque si alguien construyera uno de 2 000 habitaciones, nuestro hotel ya no sería tan grande. Mejor hagámoslo de 10 000.

—Pero podría ser que alguien construyera uno de 20 000 y volveríamos a quedarnos con un hotel pequeño. Construyamos un hotel con 1 000 000 de habitaciones, ése sería un hotel grande.

—Y qué tal si alguien construyera uno con...

Y así siguieron discutiendo por horas, hasta llegar a la conclusión de que la única manera de tener un hotel grande de veras era construyendo uno que tuviera un número infinito de habitaciones.
La obra duró muchos años, pero, al final, ahí estaba: el Gran Hotel Cantor.
En poco tiempo, el hotel obtuvo fama no sólo por ser el más grande del mundo, sino también por ser uno de los lugares más extravagantes para vacacionar. Gente de todo el mundo llegaba al hotel para hospedarse aunque fuera sólo una noche.

Aunque parezca increíble, había días en que el hotel estaba lleno, pese a lo cual seguía entrando gente que no se quedaba sin habitación.

Quizá se pregunten por qué sé tanto del Gran Hotel Cantor, pero no es ningún misterio: mi papá trabajó ahí durante algunos años; era el recepcionista.

Le encantaba contarme historias del hotel. Mi favorita era la del nombre: se llamaba Gran Hotel Cantor en honor a Georg Cantor, que fue un matemático ruso que inventó el infinito, según mi papá. A mí me sonaba como si el tal Cantor fuera un dios, porque eso de inventar el infinito... (luego me enteré que, en realidad, lo que había hecho era una teoría que justificaba la existencia del infinito). Sin embargo, la historia favorita de mi papá era la de la noche en que se volvió millonario. Creo que yo la escuché doscientas veces por lo menos y, gracias a eso, puedo contarla ahora con tanta claridad.

Lo primero en la historia era la regla más importante para los huéspedes: "Si una persona decide quedarse en el hotel, debe aceptar que pueda ser transferida de habitación varias veces a lo largo de su estancia". Luego empezaba a contar la parte que a mí me gustaba más:

Era uno de esos días en que el hotel estaba lleno. A lo largo del día, me gustaba pensar en las historias de la gente que se quedaba en el hotel (debo confesar que yo nunca pude imaginarme el hotel lleno, pero le creía a mi papá; además, éramos millonarios y nunca encontré ninguna otra razón que explicara ese hecho).

En el curso de capacitación para los trabajadores, nos habían enseñado algunos trucos para aceptar más gente cuando el hotel estuviera lleno.

Ay, papá ¿a poco metías gente en un cuarto que ya estaba ocupado? (A mi papá le gustaba que le preguntáramos siempre lo mismo, como si fuera la primera vez que nos contaba la historia).

No, claro que no. Déjame contar la historia completa para que veas lo que hacía. El hotel, como dije, estaba lleno ese día. A media tarde llegó un señor a pedir un cuarto. Normalmente, cuando el hotel estaba lleno, cobrábamos un poco más caro, pues había que compensar de alguna manera el trabajo que representaba un cambio de habitación.

Al informarle esto, el señor me dijo que no importaba, pero que por favor le diera un cuarto en el primer piso, pues sufría de vértigo y no resistía los elevadores.

—No se preocupe, señor; espere un momento por favor.

El primer truco que aprendí fue cómo acomodar a un huésped si el hotel estaba lleno. En mi escritorio había un micrófono que se oía en todas las habitaciones, el cual utilizaba para indicar los cambios de habitación (lo del micrófono me lo sabía de memoria, pero él me lo repetía como si fuera su primer día en el trabajo y acabara de descubrirlo), así que lo encendí para anunciar el primer cambio del día:

"Buenas noches, amables huéspedes del Gran Hotel Cantor. Disculpen las molestias que podamos causarles, pero necesitamos realizar una mudanza. Por favor revisen el número de su habitación, ahora súmenle uno y cámbiense a la habitación correspondiente. Muchas gracias y que pasen buena tarde."

—Señor, su habitación es la 1, por el pasillo a la derecha. Le recuerdo que su estancia en el hotel está sujeta a cambios de habitación, aunque trataré de mantenerlo en la planta baja, no se preocupe.


Y así le di alojamiento al nuevo visitante.

Pero, papá, si todos le sumaron uno al número de su cuarto, entonces el que estaba en el último cuarto se quedó sin lugar.

No, porque el hotel era infinito, no había último cuarto y todos se podían recorrer un número sin que nadie se quedara sin cuarto (tampoco esto lo entendía, pero él lo decía con tanta seguridad, que yo le creía).

Las agencias de viajes, que reservaban lugar para grandes excursiones, tenían una hora específica de llegada: las 20 horas. A mí me gustaba atenderlos bien, así que todos los días, a las 19:30, revisaba si había alguna reservación y, en caso de que hubiera, dejaba las habitaciones disponibles para que los nuevos huéspedes no tuvieran que esperar. Ese día había una reservación para un número infinito de personas, así que realicé la segunda mudanza del día y dejé libres las habitaciones que necesitaría.

—¿Cómo, papá? ¿No se suponía que el hotel tenía sólo una infinidad de cuartos? Tú ahora me dices que, en realidad, tenía dos infinidades.

—No, no, yo no dije eso.


—Pero si el hotel estaba lleno, entonces había una infinidad de huéspedes y llegó otra infinidad, y tú los alojaste a todos.

Sí, así es; ése era el segundo truco que nos habían enseñado, que en realidad no era muy complicado: lo que hice fue encender el micrófono y pedirles a los huéspedes que multiplicaran el número de su habitación por dos y se cambiaran al cuarto que tuviera el nuevo número. De esa manera, sólo estaban ocupadas las habitaciones con números pares, pues todos los números multiplicados por dos son pares, y quedaban libres las que tenían números impares, y cada colección era una infinidad de habitaciones.

—Entonces podías meter dos excursiones infinitas al mismo tiempo al hotel.

—Sí, pero eso no quiere decir que el hotel tenga dos infinidades, sino que es una característica maravillosa que se tiene por el simple hecho de ser infinito.


A las 20 horas en punto llegó la representante de la agencia de viajes y le indiqué las habitaciones que le correspondían. Desde ese momento, no hubo nada demasiado interesante que contar, hasta que se acercó la hora de cerrar la recepción (las 22 horas). Eran las 21:53, me acuerdo bien, y yo estaba acomodando todo para irme, cuando entró una señorita con cara de preocupación.

Correr un ejercicio que se disfruta



Correr es un ejercicio accesible para personas de todas las edades; no se necesitan canchas, ni vestuario especial (salvo un buen tenis), ni juntar a todos los cuates como ocurre en deportes de equipo. Para correr basta con tener la voluntad y el deseo de mejorar la salud, seguir algunas recomendaciones sencillas y lanzarse.



Paulino Sabugal Fernández

Publicado en noviembre, 1999. N° 12



Es sorprendente que en esta época de obsesión por la nutrición light, cuando todo mundo parece estar muy preocupado por su salud y por su figura, la práctica de la carrera lenta y de larga distancia se vea como algo “pasado de moda” en el mejor de los casos o, de plano, como un deporte mortalmente aburrido y ¡hasta peligroso! que puede llegar a dañar vértebras y articulaciones o incluso las vías respiratorias si se corre en ciudades como el Distrito Federal, tristemente famosas por sus altos niveles de contaminación del aire.



Sin embargo, si se hace bien (con tenis adecuados para minimizar el “rebote” de nuestro cuerpo sobre el suelo y corriendo lo más posible cerca de zonas boscosas) la carrera resulta uno de los deportes más completos. La enorme cantidad de maratonistas confirma que correr es una práctica que cada día tiene mayor número de seguidores; para cubrir los 42 kilómetros de esa competencia, los participantes debieron entrenarse por lo menos durante ocho meses en los parques, pistas, carreteras y caminos de todo el país.

¿Por qué correr?

Acaso el desdén que los amantes de la vida sedentaria muestran por los corredores, esté estrechamente relacionado con el sentido comodino de la vida urbana de finales del siglo XX: se trata de obtener los mayores resultados con el mínimo esfuerzo, aunque estos resultados puedan ser efímeros y hasta contraproducentes. Nunca los “jabones reductivos”, las fajas, las dietas (la mayor de las veces sin prescripción médica) o los aparatos del gimnasio ofrecerán el beneficio integral de una carrera larga y lenta para la que, a fin de cuentas, estamos diseñados: somos animales bípedos y la estructura que conforman nuestras piernas y pies es un bello legado de la evolución, el cual, sin duda, sirve para mucho más que calzar zapatos y pisar los pedales que controlan la marcha de un automóvil.



Cuando la carrera es larga y lenta, es decir, cuando se trata de un ejercicio de resistencia que se practica en forma relajada, sin presión competitiva alguna, el corazón, músculo al fin, incrementa de manera sostenida su ritmo de trabajo: se hace más apto y previene el taponamiento de las arterias coronarias por acumulación de depósitos de grasa, uno de los costos de la vida sedentaria. El ejercicio de resistencia aumenta el número de los pequeños vasos sanguíneos llamados capilares y estimula un mejor flujo de nutrientes a las células y una mejor salida de desechos.



Al hacer ejercicio en forma regular y de manera constante (al menos media hora tres veces a la semana), se logra una mayor irrigación sanguínea del tejido muscular y, en consecuencia, una mayor oxigenación de las células. A esto hay que agregar que el músculo cardíaco se va haciendo poco a poco más fuerte, enviando un mayor flujo de sangre a todo el cuerpo en cada latido. Con menor número de contracciones, el corazón “acondicionado” realizará un trabajo más eficaz de modo que el pulso en reposo del corredor tiende a ser más lento. Tratándose de un ejercicio aeróbico (es decir, en presencia de oxígeno), la carrera lenta y prolongada emplea como una de sus fuentes de energía la grasa acumulada en el cuerpo: no hay mejor tratamiento para adelgazar.



Lo que debes saber antes de pegar la carrera



El doctor Fernando Torres Roldán, jefe de la Unidad de Artroscopia del Hospital de Urgencias Traumatológicas “José Manuel Ortega Domínguez” del IMSS, hace las siguientes recomendaciones para un corredor principiante: “Si nunca antes ha realizado una actividad deportiva, debe consultar a un médico para saber cuál es el estado de su corazón, sus pulmones y su salud en general para practicar deporte. Luego, debe iniciar un programa de caminata que puede ser de 20 minutos diarios durante algunas semanas, para luego incrementarlo hasta 40 minutos, y emprender la actividad deportiva bajo la supervisión de un instructor calificado. Asimismo, es necesario que utilice calzado deportivo adecuado, el cual debe contar con una almohada de aire que absorba el impacto en el área del talón, paredes duras para el mejor soporte del pie, una base más amplia que el ancho de éste, correas que sujeten bien el pie y un buen sistema de ventilación.



“Finalmente, el terreno donde se corra debe ser plano y procurar que siempre sea del mismo tipo. Y es que si una persona corre primero sobre una superficie asfáltica y luego lo hace sobre un terreno menos firme, o viceversa, puede lesionarse las rodillas. Tampoco es recomendable pasar de una superficie más o menos plana a un terreno de subidas y bajadas, pues sobre todo en estos últimos se fuerza demasiado la rodilla”. En cuanto a las lesiones más frecuentes en los corredores, el doctor Torres Roldán señala que son las siguientes:



1. La del cartílago de la áptelo-femoral, llamada condromalacia. Se presenta al pisar un terreno irregular y se caracteriza por dolor en la parte delantera de la rodilla. Suele ocurrir cuando el corredor no tiene un programa adecuado de entrenamiento, padece una enfermedad en la rodilla o ha recibido previamente un golpe en esa zona. En la mayoría de los casos esta lesión se cura disminuyendo la actividad física pero en algunas ocasiones requiere de intervención quirúrgica.



2. En los meniscos y la del ligamento cruzado, que se caracterizan por dolor y la inflamación de las rodillas. Con cierta frecuencia, estos padecimientos requieren de cirugía. En el caso de los meniscos, después de un mes es posible regresar a la actividad deportiva y en el de los ligamentos, luego de tres meses.



3. Desgarres musculares, que se presentan por un inadecuado calentamiento o bien cuando, después de calentar y correr, se hace un alto para descansar y se reinicia la carrera con los músculos fríos. Algo similar ocurre con quienes han practicado el deporte por largo tiempo, de pronto dejan de hacerlo durante meses y vuelven a practicarlo con la misma intensidad de antes. Asimismo sucede cuando se corre con calzado inapropiado o se recibe un golpe en la zona muscular. Por lo regular los desgarres de este tipo cicatrizan solos en el transcurso de 10 o 20 días, aunque el dolor puede continuar hasta que la cicatriz adquiere la elasticidad del músculo.



Con respecto a lo que debe hacer un corredor cuando sufre una lesión, el doctor Torres explica que si una persona no ha sufrido una lesión previa y al correr se lastima y empieza a tener dolor, debe dejar de correr, aplicarse hielo en la zona adolorida, vendársela y tomar un antinflamatorio, si no padece alguna enfermedad que contraindique el uso de esta clase de fármacos. Desde luego, debe seguir un programa de reposo y una terapia física. La mayoría de las lesiones de los corredores son leves, por lo que no requieren intervención quirúrgica y suelen curarse en unos días. Pero si continúa el dolor, la inflamación crece o no disminuye, o se presentan torceduras y luxaciones frecuentes, es preciso consultar a un especialista.








ahogarse en el alcohol


Ahogarse en alcohol
Gabriel Nagore
EL CONSUMO DE ALCOHOL ES UNA DECISIÓN PERSONAL,
ENFERMARSE DE ALCOHOLISMO, NO.

EL ALCOHOLISMO y la adicción a otras drogas “No son un suicidio, sino una lenta capitulación”, decía Jim Morrison, el cantante y compositor de los Doors, uno de los grupos de rock más importantes de la década de los sesenta. Su sufrimiento no duró mucho: murió en París en 1971, a los 27 años de edad. La versión no oficial señala como causa una sobredosis de heroína tras varios meses de asaltos de depresión y de beber compulsivamente. Aunque seguirá habiendo historias parecidas sobre distintos personajes, muchas podrían evitarse con una visión distinta del consumo excesivo del alcohol. Contrariamente a lo que la mayoría de la gente piensa, el alcoholismo no es cuestión de fuerza de voluntad.

El alcoholismo es una enfermedad progresiva y crónica, que presenta síntomas que van desde el malestar hasta el dolor intenso. Depende de varios factores, principalmente de la predisposición genética y de la influencia del medio ambiente familiar y social. Pese a que afecta todo el cuerpo y provoca una variedad de problemas médicos, los principales síntomas se manifiestan en el sistema nervioso. A través de éste, en especial del cerebro, la adicción produce diversos trastornos en el pensamiento, las emociones y la conducta del enfermo.

El consumo incontrolable de alcohol empezó a considerarse como una enfermedad desde principios del siglo XIX, pero formalmente fue reconocido como tal por la Organización Mundial de la Salud hasta 1953. Uno de los principales obstáculos para prevenirla y controlarla es ignorar que se trata de un padecimiento en el que parece influir la predisposición genética, pues las estadísticas médicas indican que siete de cada diez enfermos tienen antecedentes familiares de abuso de alcohol.
Según datos médicos, alrededor de 600 millones de personas, 10% de la población mundial, sufren los estragos del alcoholismo. Sorprendentemente, se estima que sólo seis millones de los enfermos (1%) están bajo tratamiento. “La negación es un mecanismo de defensa para disminuir la culpa y la vergüenza, sentimientos que se producen pues el alcoholismo está muy estigmatizado por la sociedad. Por eso la gente cree que el consumo excesivo es un problema de falta de fuerza de voluntad y no acepta que es una enfermedad. En vez de eso, el enfermo debe hacerse responsable del padecimiento y tratarse”. Así interpreta la negación el doctor Francisco Cantú Guzmán —psiquiatra especializado en el tratamiento del alcoholismo y otras adicciones y director de la Clínica ADC Cantú, A.C, de Cuernavaca, Morelos—, quien añade que también se cae en el error de pensar que el problema se resuelve exclusivamente dejando de tomar: “El consumo excesivo es sólo una parte de los síntomas; la otra parte de la enfermedad es el mal manejo de las emociones”.

¿Por qué se presenta el alcoholismo en algunas personas?

Según los últimos avances médicos, la adicción es una disfunción cerebral en el sistema límbico (de limbos, borde). Éste es el lugar donde residen nuestras emociones, aprendizaje y memoria. Se le conoce también como intercerebro, pues es la interfaz entre el tronco cerebral —la parte más primitiva del cerebro, de la cual dependen nuestras funciones vitales— y la neo corteza, la última en desarrollarse después de millones de años de evolución y que es la base del pensamiento humano.

El alcohol que se consume llega al cerebro y actúa como depresor del sistema nervioso central. Se han encontrado evidencias experimentales de que su efecto es inhibir o incrementar la producción de algunos neurotransmisores (mensajeros químicos entre neuronas) como el ácido gama-amino-butírico, la serotonina y la dopamina, asociados, entre otras funciones, con el comportamiento emocional.

“Todos sabemos que el alcohol es un relajante nervioso —explica el doctor Cantú—; por ejemplo, a quienes tienen miedo de subirse a un avión se les recomienda tomarse algo antes de abordar. Para animarse a sacar a bailar a una muchacha algunos jóvenes se toman una o dos copas”. Un rasgo característico de las personas propensas al alcoholismo es la hipersensibilidad emocional. Les resulta difícil manejar adecuadamente lo que sienten, sin importar que sea placentero o no (ira, temor, tristeza, vergüenza, placer, amor, ansiedad, frustración) y necesitan del alcohol para sentirse bien. Entre los terapeutas se ejemplifica el manejo de la hipersensibilidad con la denominada “olla estrés”. El estrés se produce cuando la intensidad de la flama (es decir, las emociones) es muy alta. Para no explotar, es necesario que haya válvulas de escape y la “olla” puede tener varias. Una es la bebida, la cual proporciona bienestar en el corto plazo. Las otras incluyen hablar de lo que sentimos, el estudio, el trabajo, las diversiones, el ejercicio, la fe. Son varias las opciones. Cuando se declara la enfermedad y el enfermo quiere rehabilitarse, a estas válvulas de ayuda emocional se suman los grupos de Alcohólicos Anónimos, la psicoterapia y el tratamiento médico.


Características de la enfermedad

• Abusar del consumo, convirtiéndose en bebedor excesivo. Pérdidas en las diferentes áreas de vida.
• Aumento de tolerancia (se cree que ya se aprendió a beber).
• Síndrome de supresión (“cruda”). El organismo se acostumbra al alcohol y protesta si deja de ingerirse. El alcohólico debe volver a beber porque se siente muy mal.
• Compulsión (imposibilidad de dejar de consumir alcohol).
• Aumento de agresividad e impulsividad, se altera el juicio de realidad hacia sí mismo. (“Yo controlo mi manera de beber, yo estoy bien y los demás mal, lo mío es diferente”); van en aumento las lagunas mentales.
• Daños al organismo (principalmente cirrosis hepática y deterioro cerebral).
Un cambio de enfoque para la prevención
• Investigar si hay antecedentes de alcohol- limo en la familia.
• Si alguien bebe en exceso es necesario -llevarlo al hospital como si se tratara de cualquier otra intoxicación. El registro y seguimiento del hecho podrían ayudar a establecer si hay o no predisposición al alcoholismo.
• Si un grupo de amigos o compañeros bebe periódicamente, recomendarles buscar información acerca de la predisposición al alcoholismo.
• Señales de alarma: emborracharse en cada fiesta; mostrar señales de impulsividad e inmadurez; escoger amigos que toman; preocuparse por disponer de bebida; pensar que sin alcohol, no hay diversión; alta tolerancia (tomar comparativamente mayor cantidad de alcohol que otros sin que se presenten síntomas tempranos de borrachera); ingerir alcohol para dormir y en el desayuno; sufrir pérdidas cada vez mayores relacionadas con la salud, la familia, el trabajo y la economía; sufrir lagunas mentales.




El sutil límite

La gente que abusa del alcohol, con o sin perdis-posición, coquetea con la dependencia, esto es, con la enfermedad. El doctor Cantú afirma que al principio no se perciben claramente los síntomas: “Como enfermedad crónica, su inicio es muy insidioso y se presenta a través de los años. Cuando la gente se percata, la dependencia de la sustancia ya se ha establecido irremediablemente”. Lo que sí es claro es que, incluso antes de que se establezca la dependencia, con el paso del tiempo cada vez pueden llegar a ser más serias las consecuencias de la llamada “enfermedad de las pérdidas”: lesiones serias o muerte violenta en accidentes automovilísticos o riñas, pérdidas económicas para poder seguir consumiendo alcohol, pérdida de la pareja, los hijos, el trabajo, los amigos, la salud.
Los especialistas en alcoholismo señalan dos hechos como el puente que separa al bebedor habitual de la dependencia. El primero es el aumento de tolerancia al alcohol. Es decir, el bebedor -necesita y consume mayor cantidad sin que se muestren signos tempranos de borrachera. La dependencia significa que el organismo se habitúa me-tabólicamente a altos niveles de alcohol en la sangre y protesta cuando no los alcanza (para curarse la “cruda” hay que beber otra vez). Ambos hechos conducen después a la pérdida total del control en la manera de beber. El consumo se vuelve com-pulsivo. Quienes aceptan la enfermedad buscan ayuda y entran a tratamiento para mejorar su calidad de vida. Los que no, es posible que se acerquen paulatinamente a la cárcel, al hospital psiquiátrico o la muerte.

La alternativa

“Aceptar al alcoholismo como una enfermedad y adquirir -mayor conciencia del factor hereditario contribuirían a que muchas personas no sufrieran las pérdidas y padecimientos propios de esta adicción —comenta el -especialista—; sabemos que siete de cada diez enfermos tienen -antecedentes familiares de alcoholismo o adicción a otras sustancias. Por ello, si en nuestra familia hay signos muy claros de la enfermedad, la prevención debe ser mayor. Además, si se presenta, es importante que se trate inmediatamente. Ésta es la alternativa”, subraya el doctor Francisco Cantú Guzmán.

“La atracción por el cine reside en el miedo a la muerte. Las películas crean una especie de falsa eternidad” decía Morrión, talentoso creador de “Enciende mi fuego” (Light my Fire), al hablar de una de sus principales preocupaciones. Tal vez no se habría topado con la muerte en París si hubiera buscado otras válvulas para aliviar sus emociones.
Consumo de alcohol en México

En nuestro país, el consumo de bebidas alcohólicas representa un serio problema de salud. La Encuesta Nacional de Adicciones —levantada por la Dirección General de Epidemiología de la Secretaría de Salud en 1993, en hogares, con una muestra de 20,243 sujetos, representativos de la población entre 12 y 65 años de edad— indica que 66.5% de la población estudiada (poco más de 28 millones de personas) son “bebedoras”; 25.4% no beben y 8.1% son ex bebedoras. La encuesta también mostró que 23.4% de los sujetos entrevistados ha consumido alcohol hasta la embriaguez; 9.4% presenta síntomas de dependencia, y 66.0% inició el consumo de alcohol antes de los 19 años.

Por otro lado, una encuesta médica aplicada por la Dirección General de Servicios Médicos de la UNAM a 32,321 alumnos inscritos al bachillerato y a la licenciatura de la UNAM (57% de todos los alumnos de primer ingreso), con un promedio de edad al ingresar al bachillerato de 15.5 años y a la licenciatura de 18.5, mostró que 17,813 estudiantes (55%) nunca han bebido alcohol. El 45% restante (14,508 estudiantes) inició su consumo entre los 13 y los 15 años de edad, cuando cursaban la secundaria.

Con respecto a la frecuencia de consumo, 41% de las mujeres y 28% de los hombres ingieren bebidas alcohólicas sólo una vez al año; 11% y 16% de los varones de bachillerato y licenciatura hacen un consumo semanal, mientras que en las mujeres es de 6% y 7% para los mismos niveles.

Con respecto a la intensidad de la exposición (número de copas que consumen por ocasión), hay gran diferencia entre los sexos. El 50% de las mujeres reporta consumir una o dos copas por ocasión y sólo 6% un consumo intenso. El 25% de los hombres consume de una o dos copas, mientras que el 23% toma seis o más copas por ocasión.
Quienes consumen habitualmente alcohol reportaron la convivencia como la motivación principal (71.%); 27% de los estudiantes de bachillerato y 31% de licenciatura busca el efecto placentero del sabor y de la sensación producida por el alcohol, y 11% de los estudiantes de bachillerato y el 5% de licenciatura hacen uso de esta sustancia para satisfacer la curiosidad. Los estudiantes encuestados provienen de familias en las que el 33% de los padres, el 2% de las madres y el 7% de los hermanos consumen alcohol.
Según esta muestra, la droga más consumida por los universitarios es el alcohol, seguida del tabaco. El consumo de alcohol y tabaco están íntimamente relacionados: más del 63% de los encuestados consumen ambas drogas.









La adicción por la delgadez

Concepción Salcedo Meza

La anorexia nervosa y la bulimia son enfermedades devastadoras que han cobrado una dimensión inusitada entre los jóvenes de todo el mundo y de todas las clases sociales, pero atrapan y golpean con mayor fuerza a las mujeres.

 "YO TENÍA ANOREXIA y creo que después bulimia. Quería a fuerza tener un cuerpo como el de las modelos que pintan a la gente muy guapa. Pero creo que me obsesioné. Primero hice dietas y después me negaba a hacerlas, entonces empecé a comer muchísimo y a vomitar. Tenía pavor a engordar. Cuando me sentí muy mal fui a ver a un psicólogo para que me quitara esa obsesión. No fue fácil". Este testimonio refleja la influencia que tiene el modelo de la delgadez entre las jóvenes, pero también evidencia que Erika ­quien nos relató esta experiencia­ tenía un problema psicológico que la llevó a esa conducta.



   Según datos médicos, de diez enfermos de anorexia o bulimia nueve son mujeres de entre los 15 y los 26 años de edad, obsesivos, dependientes, obedientes y que pertenecen a familias rígidas, estrictas y poco tolerantes a los cambios. Pero los hombres también tienen su historia.



   "Yo fui bulímico ­narra Ezequiel, de 19 años­. Formaba parte del 5% de los bulímicos del sexo masculino, ya que el 95% restante son mujeres. Comencé haciendo una dieta bajo control médico porque estaba excedido de peso, pero pronto y sin darme cuenta caí en la bulimia. Comencé a dejar de comer y aunque adelgazaba, seguía viéndome gordo en el espejo. Empecé a provocarme vómitos, cada vez que me daba un ataque de hambre y me comía todo. Luego incorporé los laxantes. Tomaba ocho o diez por día. Esto produce gran irritación, tanto en los intestinos, como en la faringe, lo cual puede ser causa de úlceras y cáncer. Seguí así por un año y varios meses. De 85 kilos había bajado a 50, pero yo me miraba al espejo y me veía de 100. No podía sentarme en una silla de madera sin que me salieran moretones; tampoco apoyar los codos en la mesa. Sentía terribles dolores abdominales por causa de los laxantes y sólo quería estar dormido".



   Este testimonio refleja el infierno que viven los jóvenes que padecen bulimia. Existen informes que evidencian que ya desde el siglo XIX había personas que se provocaban el vómito, después de comer en forma excesiva. En 1940 este trastorno se consideró un síndrome y en 1980 la Sociedad Americana de Psiquiatría incluyó a la bulimia en el manual de psiquiatría como una enfermedad diferente a la anorexia.



   Ambos trastornos vienen desde la Antigüedad, pero es ahora cuando se les ha estudiado, tipificado y definido. Se sabe que son producto de múltiples factores, que pueden incluir trastornos emocionales y de la personalidad, así como presiones familiares, una posible sensibilidad genética o biológica y el vivir en una sociedad en la cual hay oferta promisoria de comida y una obsesión por la delgadez. Esta idea de la estética transmite a los jóvenes sistemas de valores que se basan en el "buen look" y el problema es que puede derivar en una adicción por la delgadez del cuerpo y producir enfermedades. Cierto es que esta estética, esta moda, es sólo un disparador que afecta negativamente a algunos jóvenes con problemas familiares y con desajustes de personalidad.

El pavor a engordar

El término anorexia nervosa proviene del latín y quiere decir sin apetito, y el adjetivo nervoso expresa su origen psicológico. Sin embargo, no es cierto que los jóvenes anoréxicos no sientan hambre, al contrario, la reprimen por el pavor que tienen a la obesidad. Estos jóvenes rechazan en forma contundente el mantener un peso corporal por encima de los valores mínimos aceptables para una determinada edad y talla. "El miedo que experimentan hacia la obesidad los lleva hasta la inanición y a la pérdida progresiva de peso. Y lo más grave es que no tienen conciencia de su enfermedad", señala la nutrióloga Marcela Palma, del Instituto Nacional de la Nutrición Salvador Subirán (INN). Los anoréxicos llegan a perder por lo menos el 15% de su peso corporal y, en casos extremos, hasta el 60%, lo que puede ocasionar la muerte. El trastorno tiene diversas caras y, según Marcela Palma, puede clasificarse en etapas primaria y secundaria.

Las múltiples caras de la anorexia

En la etapa primaria sólo se tiene un miedo intenso a subir de peso y ésta se caracteriza por dos tipos de padecimientos: la anorexia nervosa restrictiva y la bulimarexia. En la primera, se utiliza el ayuno y la disminución exagerada de la ingestión de alimentos para controlar el peso sin utilizar el vómito o los laxantes como métodos de control. En la bulimarexia se combinan periodos de ayuno con periodos de ingestión compulsiva y después se provoca el vómito, y se aplican purgas y enemas para controlar el peso.

 En la etapa secundaria, la anorexia nervosa es consecuencia de alguna enfermedad psiquiátrica como la esquizofrenia o la depresión; en esos casos, la anorexia se debe a una interpretación falsa de la alimentación y no a la búsqueda de pérdida de peso. Por lo que respecta a la cantidad de casos de anorexia, se da más en los países sajones que en las sociedades orientales. En Latinoamérica, y específicamente en México, los estudios estadísticos y epidemiológicos son muy pocos; carecemos de la información suficiente sobre la incidencia de los trastornos de la conducta alimentaria, aunque en la actualidad diversos grupos investigan este fenómeno.







El infierno de la bulimia



La palabra bulimia proviene del griego y significa "hambre de buey". Generalmente se presenta entre los 18 y 28 años de edad. Al igual que en la anorexia, el 95% de los pacientes bulímicos son mujeres.

  Según Marcela Palma, "este trastorno se caracteriza por la ingestión rápida de gran cantidad de alimentos; la culpabilidad provocada por el abuso al comer y la autoinducción al vómito; la utilización en forma indiscriminada de laxantes y diuréticos y el ejercicio excesivo, debido a que estos jóvenes tienen pavor a subir de peso. También es característico que durante mucho tiempo ellos nieguen estas conductas".

Según datos del INN, en muchos países la frecuencia de la bulimia es mayor que la de la anorexia nervosa, pero en México tampoco se tienen cifras sobre la incidencia de este trastorno, debido a que, aun cuando se han aplicado cuestionarios entre la población de riesgo, se esconden los síntomas.



Enfermedades complejas, tratamiento integral



Los jóvenes que padecen anorexia o bulimia requieren de un tratamiento integral en el que debe participar un equipo de especialistas como nutriólogos, psicoanalistas y médicos o endocrinólogos, además de la familia. La participación de ésta es fundamental, ya que los aspectos familiares son muchas veces la causa de estos trastornos. Si algún joven sospecha que puede padecer este tipo de problemas, debe recurrir a alguna instancia de salud pública o privada y evitar a tiempo el infierno dantesco que hacen vivir la anorexia nervosa y la bulimia













La singularidad de Stephen Hawkins

Daniel Martín Reina

 No hay físico más famoso que él, pero no es premio Nobel. Ha aportado a la cosmología ideas originales y elegantes, aunque difíciles de confirmar. Y sus cambios de opinión siempre son noticia. ¿Qué hay en la mente de este gran científico?

En el verano de 1964 el astrónomo inglés Fred Hoy le estaba en la cima de su fama. Se encontraba en Londres para dar una conferencia en la que iba a explicar su hipótesis sobre el origen del Universo ante los miembros de la muy prestigiada Royal Soviets. Hoy le disentía de la hipótesis de la gran explosión (biga bango), según la cual el Universo empezó como un punto de densidad infinita y hoy se expande. Para él, el Universo no tenía principio ni fin y siempre había presentado el mismo aspecto. Aunque las galaxias se



Separaban, como se sabía desde los años 30, Hoy le pensaba que en el espacio intergaláctico se iba creando materia nueva constantemente, de forma que la densidad total del Universo nunca cambiaba. La idea de Hoy le, alternativa a la gran explosión, se conoce como teoría del estado estacionario (ver ¿Cómo ves? No. 161).



Después de los aplausos, Hoy le solicitó preguntas. Un joven delgado y de aspecto frágil se puso en pie con mucho esfuerzo usando un bastón. Era un estudiante de física recién licenciado al que se le había diagnosticado esclerosis lateral amiotrofia (ELA), una terrible enfermedad degenerativa. Para asombro del público, el joven señaló que Hoy le se había equivocado en un cálculo. Lo sabía porque él mismo había realizado ese cálculo. El error echaba por tierra el razonamiento de Hoy le, quien abandonó la sala enfurecido.



El atrevido joven que humilló a Hoy le se llamaba Stephen Hawkins y hoy es sin duda el científico más famoso del mundo. Contra los pronósticos médicos que en los años 60 le auguraban una vida muy corta, Hawkins cumplió 70 años en enero de este año. Y vivir confinado a una silla de ruedas y hablar por medio de un sintetizador de voz desde hace varias décadas no le ha impedido transformar nuestra imagen del Universo con ideas elegantes y originales.

Singularidad en el pasado

El 8 de enero de 1942, exactamente 300 años después de la muerte de Galileo Galilei, nació Stephen hacking en Oxford, Inglaterra, adonde sus padres se habían trasladado temporalmente durante la Segunda Guerra Mundial. Stephen fue un niño debilucho y torpe de movimientos, pero en la escuela era brillante y sacaba buenas notas sin ningún esfuerzo. Terminó los estudios de física en Oxford con calificación de sobresaliente, lo que le abrió las puertas del Trinity Hall de la Universidad de Cambridge. Allí llegó en el otoño de 1962, a los 20 años, con la intención de profundizar en el conocimiento del cosmos.



Para entender la estructura del Universo en la escala más grande necesitamos una descripción matemática de la atracción que ejercen las galaxias unas sobre otras; es decir, una teoría de la gravedad. A principios del siglo XX los cosmólogos abandonaron la venerable teoría de la gravitación universal de Newton en favor de la teoría general de la relatividad, propuesta por Albert Einstein en 1915. La teoría de Einstein combina el espacio y el tiempo en una única entidad de cuatro dimensiones, llamada espacio-tiempo. La presencia de materia y energía en este espacio-tiempo tiene un efecto parecido al de una bola de plomo en una cama elástica: hace que el espacio-tiempo se combe. La masa del Sol, por ejemplo, deforma el espacio-tiempo a su alrededor, lo que obliga a los planetas a desplazarse en torno suyo describiendo trayectorias curvas, como canicas que ruedan en un embudo. En la teoría general de la relatividad el movimiento de los cuerpos es consecuencia de la forma (o la geometría, como dicen los físicos) del espacio-tiempo, sin necesidad de ningún tipo de fuerza.



Una década más tarde, en 1929, el astrónomo estadounidense Edwin Hubble descubrió que las galaxias no estaban quietas, sino que se separaban unas de otras. La causa más probable era que el propio Universo se expande, como si fuera un enorme globo. Hasta ese momento los científicos pensaban que el Universo era estático e inmutable. Pero si las galaxias se estaban separando, esto significaba que en el pasado estuvieron más juntas. ¿Hubo un momento del pasado en que todas las galaxias estuvieran infinitamente juntas, todas en un punto? La hipótesis de la gran explosión, basada en las observaciones de Hubble, supone que sí, pero durante 30 años persistió esta duda: ¿permiten las leyes de la física que existan acumulaciones de materia de densidad infinita, tales como el Universo al momento de la biga bango?



La respuesta estaba en la propia relatividad general y fue Stephen Hawkins quien la encontró. Desde mediados de la década de 1960, se dedicó al estudio de las llamadas singularidades: puntos donde la curvatura del espacio-tiempo se hace infinita. Hawkins y el matemático británico Roger Pen rose desarrollaron nuevas técnicas matemáticas para analizarlas. Finalmente, en 1970, consiguieron demostrar que, según la teoría general de la relatividad, tuvo que haber en el pasado del Universo un estado de densidad infinita, con toda la materia y energía concentradas en un espacio mínimo. Esa singularidad era el principio del Universo, el biga bango o gran explosión, y también marcaría el inicio del tiempo. El trabajo de hacking y Pen rose, por cierto, terminaba de hundir la teoría del estado estacionario de Hoy le, lo que le dio a éste otro motivo para aborrecer a hacking. Pero eso no era todo. Hacking y Pen rose también demostraron que la relatividad general contempla, además de una singularidad inicial, una posible singularidad final para el Universo: si su expansión se fuera frenando poco a poco hasta revertirse, entonces el Universo empezaría a contraerse hasta llegar a lo que podría llamarse biga crencha o gran implosión. Empero hoy en día sabemos que la expansión del Universo, lejos de frenarse, se está acelerando, por lo que no habrá biga crencha (ver ¿Cómo ves? No. 58).

No tan negros



El principio y el final de Universo no son las únicas singularidades que predice la teoría general de la relatividad. Sólo un mes después de que Einstein publicara su teoría, en 1915, el físico alemán Karl Schwarzschild calculó que si un cuerpo celeste se comprimiera hasta cierto tamaño (que hoy se denomina radio de Schwarzschild), la gravedad en su superficie sería tan intensa, que ni siquiera la luz podría escapar: el objeto se convertiría en lo que hoy llamamos un agujero negro.



Si únicamente se toman en cuenta los efectos gravitacionales, un agujero negro es una cosa relativamente simple: todo lo que se pueda decir de él se puede deducir de sólo tres magnitudes físicas: su masa, su carga eléctrica y su velocidad de rotación. Al formarse el agujero negro (digamos, por la contracción final de una estrella que muere), se pierde toda la información adicional: de qué estaba hecha la estrella que se contrajo para formar el agujero negro, cuánto tiempo tenía de existir… Si otro objeto traspasa la frontera —u horizonte— del agujero negro, también desaparece para siempre. Pero en 1915 se ignoraba por completo lo que ocurría en el interior del agujero, pues ahí no tenían validez las leyes de la física.



En 1974 hacking tuvo una idea genial: tomar en cuenta la física cuántica —la teoría que gobierna el mundo atómico— para entender lo que ocurre en el borde de un agujero negro. De acuerdo con la física cuántica, el vacío en el sentido más estricto no existe. Aún el vacío más extremo rebosa de actividad: un continuo chisporrotear en el que de la nada aparecen y desaparecen parejas formadas por una partícula de materia (por ejemplo, un electrón) y su correspondiente partícula de antimateria (un positrón), que, no bien se forman, chocan una con la otra y se aniquilan, como exige la física cuántica. La existencia de estos pares de partícula antipartícula es tan breve que no puede observarse directamente, pero sí se pueden medir sus efectos indirectos. Por eso se les llama partículas virtuales. Al vacío poblado de estos efímeros pares de partículas virtuales se le llama vacío cuántico.

Al aplicar la idea de vacío cuántico en las cercanías del horizonte de un agujero negro, hacking comprendió que los pares virtuales creados justo en el borde se separarían antes de poderse aniquilar: una partícula desaparecería en el abismo del agujero negro mientras que la otra, al haber perdido a su compañera, no tendría con quién destruirse y se podría escapar. En la práctica, esto era lo mismo que decir que el agujero negro emite radiación. Hacking acababa de demostrar que los agujeros negros no son tan negros.

Esta radiación de hacking tendría una consecuencia sorprendente: como la radiación lleva energía y la energía es equivalente a la masa (E = mc2), un agujero negro que emite radiación de Hawkins va perdiendo masa; en otras palabras, se va evaporando. Lo hace a un ritmo muy lento, pues el tiempo necesario para que se evapore por completo un agujero negro del tamaño de varios soles sería mucho mayor que la antigüedad del Universo, pero no sería infinito.



Todavía no sabemos si existe la radiación de Hawkins, aunque recientemente unos científicos italianos dirigidos por Daniela Facción, de la Universidad de Encubría, informaron haber producido en el laboratorio algo análogo a la radiación de agujeros negros. La comunidad científica aún no está convencida.



Los primeros síntomas del mal que padece Stephen Hawkins aparecieron durante su último año en Oxford, cuando se cayó varias veces por las escaleras. Poco después de su llegada a Cambridge, una revisión médica confirmó el peor de los diagnósticos: Hawkins sufría ELA, esclerosis lateral amiotrofia, también conocida como enfermedad de Lou Georg.

La ELA es una enfermedad degenerativa de las células nerviosas de la espina dorsal y del cerebro. Estas células controlan la actividad muscular por lo que, a medida que avanza la enfermedad, los músculos se van atrofiando hasta que el cuerpo queda reducido a un estado vegetativo. La comunicación del enfermo con el mundo que lo rodea resulta imposible y acaba muriendo al poco tiempo. Cuando a Hawkins le diagnosticaron la ELA le dijeron que le quedaban dos años de vida.

Por suerte, la cosmología sólo requería de su mente, una de las pocas funciones de su cuerpo que la enfermedad dejaría intactas. El joven terminó su tesis y se volcó en sus investigaciones con renovado entusiasmo. Al poco tiempo se casó con Jane Wilde, joven inglesa que sería la madre de sus tres hijos. Aunque resulte paradójico, fue más feliz en esa época que antes de saber que estaba enfermo.

Pero con los años la ELA siguió su curso de forma implacable. Del bastón pasó a las muletas para, más tarde, acabar en una silla de ruedas. Llegó un momento en que Hawkins no podía escribir ni alimentarse solo, y su voz se convirtió en un susurro apenas audible. En 1985 fue operado de urgencia por culpa de una neumonía, y en la operación que le salvó la vida perdió la voz por completo. Pero su mente estaba en plena forma y realizaba los cálculos matemáticos más complejos sin necesidad de escribir. ¿Cómo iba a poder comunicar sus ideas ahora?



Fue entonces cuando empezó a utilizar una herramienta informática que permitía seleccionar palabras de entre un menú de 3 000. Pegado a su silla de ruedas, Hawkins operaba el aparato por medio de un sensor adaptado al movimiento de la mano y que requería un mínimo desplazamiento del dedo. Una vez construida la frase, un sintetizador de voz la pronunciaba.



Y ésta es, básicamente, la imagen que hoy tenemos de él: encogido en su silla de ruedas, con la cabeza inclinada hacia un lado y hablando con voz metálica. Un hombre admirable que ha sido capaz de superar todos los obstáculos de su terrible enfermedad. 









Las dietas:
mitos y verdades

Conservar un peso ideal se basa en sólidos y sencillos principios científicos; sin embargo, muchas personas se sienten atraídas por dietas que pueden ser muy peligrosas
Dondequiera que miremos, el mensaje es claro: ser delgado es ser atractivo. Si tenemos algunos kilos de más o incluso un peso normal para nuestra edad y estatura, pero una figura robusta, es posible que nos sintamos desvalorizados como personas y juzgados por nuestra apariencia y no por cualidades como la inteligencia, la creatividad, la simpatía o el talento. Desde luego es normal y sano decidir hacer algo por nuestro cuerpo e imagen. Deja de serlo cuando implica preocuparse en demasía, obsesionarse, dejar de comer, ayunar periódicamente, usar laxantes y diuréticos, hacer ejercicio compulsivamente, tomar medicamentos para adelgazar o hacer dietas que ponen en peligro nuestra salud.

Antes que nada, debemos tener claro que nunca podremos ser delgados a menos que nuestra constitución física y genética lo permitan. Cada persona nace con un tipo de cuerpo que ha heredado y que está basado en un particular marco esquelético y composición corporal. En general, somos combinaciones únicas de tres tipos corporales: ectomorfo, mesoforfo y endomorfo. Es muy difícil, si no imposible, alterar el tipo corporal aun con dieta y ejercicio. Pero sucede que al ver a los modelos (hombres y mujeres) que nos muestra la publicidad, podemos imaginar que haciendo dieta podemos parecernos a ellos, particularmente si éstos llegan a afirmar falazmente que antes de tal o cual tratamiento se parecían a nosotros y que la figura que ahora poseen es el producto de un tratamiento dietético.

El bombardeo de imágenes estereotipadas y enajenantes de los medios de comunicación hace que nos resulte difícil sentirnos cómodos con nuestro cuerpo, lo que lleva a muchas personas a preocuparse constantemente por la comida, la silueta y las dietas. Es así como el deseo de una apariencia delgada se ha convertido en una norma cultural y, en consecuencia, se ha difundido la idea de que la salud y la belleza sólo se logran llevando a cabo un régimen alimenticio rígido y disparatado o bien mediante ejercicios, brebajes y aparatos anunciados constantemente en los medios. En todos ellos se concede un valor extraordinario a poseer una figura delgada, la cual es presentada como la única estéticamente aceptable y a la que se asocian otras cualidades como perfeccionismo, disciplina, inteligencia, éxito laboral y social, entre otras. Para colmo, el tipo corporal promedio de los mexicanos y mexicanas se aleja mucho del estereotipo de belleza manejado por la publicidad.

De todo esto florece un sistema dedicado a explotar la angustia, la credulidad y la búsqueda de soluciones fáciles para modificar nuestra figura mediante dietas supuestamente maravillosas y fáciles que “sí funcionan” y nos permiten “perder peso sin esfuerzo”. Estos engaños que difunden con frecuencia la radio, la televisión y las revistas femeninas (y últimamente también las masculinas), muchas veces ostentan un disfraz de seriedad científica que constituye un atentado contra la salud, por lo que será necesario analizarlos objetivamente con base en principios científicos sólidos.

El secreto que nadie oye

El primer paso para controlar el peso es entender el metabolismo, proceso mediante el cual el cuerpo libera energía del alimento y la usa para funcionar, y para construir y reponer sus tejidos.

Un factor que determina nuestras necesidades de energía es el llamado metabolismo basal, que es la cantidad de energía que requiere el cuerpo en reposo para llevar a cabo las funciones básicas de la vida como respirar, hacer circular la sangre, mantener la temperatura corporal, etc. El metabolismo basal varía con la edad, talla, género, actividad física y tipo corporal. Por ejemplo, una persona musculosa tiene generalmente un metabolismo basal más alto que una no musculosa pero del mismo peso.

Otro factor que determina nuestras necesidades de energía es nuestro grado de actividad física, es decir, una persona muy activa usará más energía que una sedentaria. Cuando la energía que nos proporcionan los alimentos que consumimos es mayor que la que gastamos por el metabolismo basal y por nuestras actividades físicas, la energía excedente se almacenará en el cuerpo en forma de grasa. Si esto ocurre a menudo, la persona tenderá al sobrepeso, es decir, al peso excedido a partir del 10% del peso recomendado para la edad y estatura de una persona. En casos raros, el sobrepeso se debe a un funcionamiento impropio de la glándula tiroides, que se traduce en una tasa metabólica menor que la normal.

La obesidad, por otra parte, consiste en una acumulación excesiva de grasa en el cuerpo que se presenta a partir de un 20% sobre el máximo peso recomendado. Se trata de una condición que debe ser atendida por el médico y a la cual no se aplican las recomendaciones que haremos aquí.

Así, las personas que no tienen problemas metabólicos, requieren equilibrar la cantidad de energía ingresada al cuerpo con la dieta y la gastada por el metabolismo y la actividad para mantener el peso recomendado. Por ello, el control del sobrepeso debiera ser un asunto sencillo: comer en menor cantidad, particularmente grasas, o hacer más ejercicio, o una combinación de ambos. Este principio tan simple es normalmente dejado a un lado por ciertas dietas que aunque puedan parecer efectivas por un tiempo, a la larga dañan irreversiblemente la salud.

Las calorías

Si bien no existe un método para bajar de peso que garantice el éxito total, se ha demostrado que los mejores resultados se obtienen cuando se modifica la conducta alimentaria, se hace ejercicio y se sigue una dieta, pero basada en el conocimiento real de los alimentos y de los mecanismos que regulan el peso del cuerpo.

Pirámide nutricional

En los alimentos se encuentran los nutrimentos, que dan energía y nos proporcionan los materiales necesarios para que el cuerpo realice sus actividades. Los nutrimentos se agrupan en seis clases: carbohidratos, grasas, proteínas, vitaminas, minerales y agua. Todos ellos son indispensables para conservar la salud y se les encuentra en diferentes proporciones en los alimentos.


Los alimentos son el carburante del cuerpo. Para calcular las cantidades adecuadas se recurre a una unidad, la caloría, que es la cantidad de calor necesaria para elevar un grado la temperatura de un gramo de agua, aunque en la práctica se utilice la kilocaloría (también se escribe con mayúscula: Caloría), mil veces mayor y más manejable.

Las sustancias básicas presentes en los alimentos que tienen energía, son:

• Un gramo de proteínas: 4 Calorías
• Un gramo de grasas: 9 Calorías
• Un gramo de carbohidratos o glúcidos: 4 Calorías

Así, 25 gramos de aceite de cártamo, que es grasa pura, suministran 225 Calorías, mientras que 25 gramos de proteína pura o de azúcar suponen 100 Calorías. De esta forma podemos calcular la energía, metabólicamente utilizable, contenida en ciertos alimentos concretos, si sabemos su composición de nutrimentos aunque sea sólo aproximadamente. Para ello se recurre a ciertas tablas, que son de gran utilidad para determinar la ingesta energética, aunque existen otras que dan valores energéticos totales sobre alimentos crudos y, por ello, será importante conocer la elaboración de aquellos alimentos (fritos, asados, en salmuera, hervidos, etc.) para corregir las pérdidas o ganancias en relación con el contenido calórico.

Ningún alimento nos puede dar por sí solo todos los nutrimentos que necesitamos en las cantidades adecuadas. Una alimentación sana e ideal se basa en el régimen de la pirámide clásica. Esta pirámide representa el concepto de una alimentación equilibrada. La base es amplia y muestra los alimentos que deben aparecer con más frecuencia en nuestra dieta: cereales, pasta y arroz; le siguen las frutas y verduras, con 5 a 9 raciones en total; luego los lácteos y las carnes, con dos a tres raciones cada uno; y finalmente las grasas y los azúcares, que deben consumirse con moderación.



Hasta aquí se ha mostrado cómo un buen plan para perder peso implica “comer” menos Calorías de las que usa el cuerpo, de manera que éste empiece a usar la energía que ha almacenado como grasa, o bien hacer ejercicio. Por otro lado, tampoco es saludable perder peso muy rápidamente, ya que si se ingieren muy pocas Calorías, se corre el peligro de no recibir todos los nutrimentos requeridos. Se sabe, además, que las dietas que provocan una disminución rápida del peso, en realidad hacen perder agua y enseguida masa muscular. Como la proteína de los músculos se construye muy lentamente, y sólo con una dieta adecuada y ejercicio constante y regular, cuando se abandona este tipo de dietas el peso perdido no se gana ya en forma de músculo sino como agua y grasa, lo que provoca flacidez.

Una dieta inteligente


Las bases para la formulación de una dieta de reducción no son diferentes a las dietas correctas, equilibradas y adecuadas para una cierta edad, peso y tipo de actividad física, a excepción del contenido energético (calórico) total, el cual debe reducirse sólo en caso de que exista sobrepeso real. En las dietas de reducción el 60% de la energía total debe provenir de los carbohidratos, del 15 al 20% de las proteínas y el 25% de las grasas.

Con base en el concepto del equilibrio dietético, el diseño de una dieta debe incluir el aporte necesario para garantizar una cantidad de 1 a 1.5 g de proteínas por kilogramo de peso corporal —adecuado para una edad, sexo y estatura determinadas— por día, a efecto de evitar consumir las propias reservas proteicas y el consumo de la masa muscular.

En cuanto a la prescripción de la dieta, ésta debe hacerse de forma individual en lugar de sugerir una dieta universal pobre en energía (baja en Calorías), y de acuerdo con los requerimientos energéticos de cada persona. En principio se recomienda no tratar de bajar más de 1 a 1.5 kg por semana ya que se pueden provocar descompensaciones, tales como desequilibrios hidroelectrolíticos y cambios fisiológicos bruscos que pueden llegar a ser dañinos al organismo. De tal manera, un objetivo más realista sería tratar de disminuir 0.5 kg a la semana, y no hay que olvidar que dicho déficit puede producirse tanto por disminución en el aporte energético (dieta) como por aumento en el gasto (ejercicio), o por una combinación de ambos, que habitualmente es lo más recomendable.



La dieta del "yo-yo"

Lo que se busca con las dietas es perder peso rápidamente, mismo que generalmente también se recupera a igual velocidad. Este ciclo de pérdida y ganancia de peso, llamado “dieta del yo-yo”, es particularmente peligroso, porque quienes lo siguen, corren el riesgo de padecer enfermedades cardíacas, elevación o disminución de la presión sanguínea y deficiencias vitamínicas, a diferencia de las dietas que buscan mantener constante la reducción de peso.



¿Cuáles son las dietas falaces?

Por otro lado, se cree que quienes siempre están a dieta mantienen a su organismo en un estado constante de emergencia que hace que el cuerpo asimile cada vez mejor menores cantidades de alimento, es decir, con el tiempo tendrán mayor dificultad para perder peso aun disminuyendo la cantidad de alimentos ingeridos. Quizá hayas llevado a cabo una de las dietas que se muestran en la tabla. Ahora que conoces los principios de una dieta sana, podrás darte cuenta que esas propuestas no tienen ninguna base científica y seguirlas es dañino para la salud.

Por último, es importante tomar en cuenta que antes de iniciar un programa adecuado para reducir el peso, es indispensable que te preguntes si realmente tienes un problema de sobrepeso o si simplemente cuando dices que estás “gordo o gorda”, estás expresando que te sientes mal. Antes de caer en la tentación de seguir una dieta que nos hayan recomendado o que leímos en una revista, sería importante recordar que sólo una alimentación variada, bien distribuida a lo largo del